miércoles, 12 de marzo de 2014

Ahora tengo que marcharme

No puedo soportar esto más tiempo. Duele mucho. Sé que está creciendo dentro de mí. ¿Por qué no me creéis? ¿Por qué no me escucháis cuando os digo que estoy enfermo? ¿Es que no os dais cuenta de que me muero? Lo tomáis a borma, no os lo creéis, me llamáis loco. Pero yo lo sé, sé que pronto dejaré de estar aquí, sin que nadie repare en mí, igual que nadie repara en aquella gota que cae por el cristal de tu ventana, y que tú, sin preguntarle si quiere vivir o si quiere desaparecer, la borras con la simplicidad que se borran las palabras, apretando un botón. Y las pocas personas que me llorarán serán a las que yo he confinado en un mundo de desgracias y dolor.
Sí, soy lo que se podría llamar en estos días gafe, un talismán de mala suerte. Traigo desgracias a quien más quiero. "Alejaos de mí", quiero decir. "Desapareced de mi vida". Añoro ser capaz de emitir esos sonidos por mi boca que les harían escapar del sufrimiento al que se acercan. Pero al fin y al cabo, esas palabras son sólo aire. Soy un egoísta. Siempre me han enseñado que hay que hacer siempre lo mejor para los demás antes que para uno mismo. Pero no puedo, mamá, no puedo. No puedo pedirte que te alejes de mí. Ni a ti tampoco. Lo intento, de verdad. Lo intento. Pero sólo puedo llorar. Llorar lágrimas de sangre, porque estoy arrastrando a la muerte a las personas que amo conmigo. Su sangre está en mis manos, las tengo manchadas. Y no puedo soportarlo más. Tengo que acabar con esto de una vez por todas.
Si elijo la solución definitiva, se sienten culpables. Si no, acabarán sufriendo igualmente. Haga lo que haga me iré pronto por esto que me destruye por dentro. Enfermedad lo llaman. haga lo que haga van a recibir dolor. Los llevo a un juego en el que nunca ganarán, dependen de mí, y cada movimiento que hago los conduce más dentro de un túnel oscuro en el que lo menos triste que verán es un reloj, en el que contarán las horas en las que al fin podrán abrazar a la muerte. Y mientras yo sigo aquí, con una carga que no puedo llevar, que me hace caer y no me deja levantarme, que me hace hundirme en unas arenas movedizas en las que oigo los susurros de los muertos que me llaman a cenar con ellos en sus profundidades.
Una bala, una vida ¿cómo algo tan pequeño de metal frío puede acabar con algo tan grande, caliente y de carne? ¿Y si de todas las posibilidades, ninguna buena, eligiera la muerte?
"Mamá, abuelos, tú. No quiero que os sintáis culpables. Esto iba a pasarOs lo avisé pero no me creísteis. Bueno, no os lo echo en cara. ¿quién iba a creer al loquito? No sé qué deciros salvo que lo siento. No quería haceros sufrir. Perdón por las lágrimas que habéis llorado por mí. Os he querido y siempre lo haré. Ahora tengo que marcharme."
Una lágrima cae por mi mejilla. Tan temblorosa como mi mano, que aprieta la pistola contra mi sién. Es dolor o dolor. Respiro hondo y cierro los ojos.
Ahora tengo que marcharme.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Jardín de sombras

Nuestra vida es un jardín. A veces verde, a veces negro. A veces grande, y otras veces pequeño. Unas veces lleno de vida, otras muertos. Muy muertos. Tener un jardín requiere cuidarlo, regarlo día tras día. Tareas básicas, pero... ¿De qué sirve todo eso si tu jardín está habitado de plagas? Lo destrozan todo, día tras día y noche tras noche. ¿Lo riegas? Se contamina el agua. ¿Lo abonas? Destrozan el suelo. Destruyen las semillas que hay plantadas. ¡Qué gran pérdida! La semilla de la amistad, destruída. La semilla de la paz, masacrada. La del amor, más de lo mismo. ¿Y qué queda? Un terreno vasto, desértico, seco, oscuro, donde no reluce el Sol y donde sólo cae lluvia ácida. Eso no es un jardín, eso no es vida.

Tienes el apoyo de tus seres queridos, que cada vez son menos. Te dicen que es una mala racha. Te dicen que tu jardín estará tan verde como siempre, o más verde que nunca. Te dicen. Pero tú sabes que no. Lo que está perdido no puede encontrarse. has perdido miembros de tu familia, las rosas más rojas de tu jardín, que se han transformado en rastrojos podridos, que sólo están ahí para recordarte que se han ido, y que tú te vas a ir también. Perdiste hasta a la persona en que confiabas ciegamente. Ese lirio tan destacado que ahora es frágil, débil. Y por mucho que lo riegues, sabes que nunca volverá a ser como antes. No acepta el agua que le das. Ese lirio triste y desolado. ¿Por qué me echaste? Podría haber estado a tu lado. No volverá jamás. Tu lirio y tu jardín están muertos, y nunca revivirán.

Nuestra vida es un jardín. A veces verde, a veces negro. Y negro está mi jardín. Y no lo disfrutaré porque no habrá pájaros que canten. No habrá flores. No habrá hierba y no habrá Sol. Sólo habrá llanto y destrucción para todo lo que intente plantar en ese suelo estéril. Simplemente espero a la noche que todo lo envuelve, y que todo lo oscurece. Sólo espero a que la noche se lleve mi jardín.

Revolution

Luz. Luz. Luz. Todo se ilumina. Las sombras huyen tras los muebles de mi habitación. Luz. Luz. Luz. El miedo se desvanece como una simple ilusión. Nada que temer, nada de lo que huir. ¿Tienes miedo? Enciende la luz. ¿Estás asustado? Enciende la luz. Fuente inagotable, bien de todos, mal de nadie. Fuente de felicidad. Y también fuente de rumores, rumores sobre la electricidad, fuente de una creciente oscuridad que pretende cernirse sobre el mundo, sumergiéndolo en una eterna sombra.
Porque todo se va a apagar, y ya no volverá a encenderse.
¿Qué harás cuando no puedas ni beber agua? ¿Cuando no puedas abrazar a tus hijos en la noche y decirles que todo va bien, cuando en cualquier momento pueden entrar en tu casa y arrebatarte lo que amas, destrozarlo y matarlo? No habrá comida, ni comunicación, ni transporte. No habrá seguridad, no habrá amor, sólo habrá miedo y destrucción. Toda evolución queda reprimida, destrozada. Involucionamos, matamos, robamos, asaltamos, y todo esto por un pedazo de pan duro manchado con la sangre de aquel al que arrebataste su familia, uno a uno, con tu puñal,para acabar finalmente con su vida. Una vida inútil. Una vida de trabajo, de dinero en el banco. ¿Pero para qué sirve el dinero en un mundo en el que no hay facturas que pagar, en un mundo en el que la desolación vence a la justicia? Para nada. Ahora darías todo tu dinero por tener electricidad unos segundos. Pero no. Nadie sabe qué ha pasado, qué ha provocado esta catástrofe. Pero es sencillo creer que las personas más poderosas desean poseerla. Y entonces, en ese momento, será cuando desees morir. Desearás no haber nacido. Entre la desolación existe el caos. Y del caos nace el poder. Ese poder que regentan destruirá el mundo, y eres consciente de ello. No les importa tu vida, ni la de tu familia. No les importa la vida del resto de mortales mas que la de ellos. Y cuando la consigan, todo será muerte. Tú morirás, tus hijos morirán, y yo moriré, y nos sumiremos en la misma miseria que siempre. El mismo error, la ambición de poder, de controlar el mundo. Y cuando esto haya ocurrido, todo terminará.
Porque todo se va a apagar, y ya no volverá a encenderse.


Este relato está basado en la serie de BBC "Revolution"


martes, 4 de marzo de 2014

Algo nuevo de qué hablar

Una de las cosas mas agobiantes es encontrarte nuevo en un sitio extraño, sin conocimiento, sin idea de que te vas a encontrar, sin saber que va a pasar con la gente a tu alrededor. Todo ello se agrava cuando no es normal tu llegada...
Sales de un sitio, maravillado porque ya no tienes que aguantar todo lo que dejas atrás; y te encuentras en otro, y te ves raro, en mi caso más raro aún de lo que soy. Y de repente a alguien se le ocurre hablarte. Entonces esa sensación de agobio se calma un poco...
 Una simple sonrisa, y ya ves que todo parece que va a ir bien. Poco a poco te ves integrado en ese extraño y nuevo sitio, pensando que ya eres uno más. Haces conocidos, de conocidos a algo más conocidos, de algo más conocidos a amigos, y ahí, en algún caso, encuentras a gente maravillosa, desde un extranjero que no tiene nada en común contigo y resulta ser de lo mejor que te vas a encontrar, hasta gente comprensiva, que se esfuerzan y te tratan bien, cogen confianza contigo desde el primer momento y percibes que son bellísimas personas.
Nada puede ir mejor hasta que un simple día deciden hacerte la vida imposible. Te tratan mal, Te insultan, tratan de hacerte de todo sin ningún motivo. En ese momento ves que todo lo que habías construido tan rápido y fácilmente se desmorona sin saber ni siquiera el porqué. La gente te parece que te da la espalda, apenas nadie te apoya, algunos no se ponen a defenderte por miedo, y todo lo que creías tener se desvanece como un rayo de luna. Y ves que al menos hay alguna persona que se preocupa por ti, pero no es suficiente, por mucha ayuda que te preste esa persona no se puede luchar contra tantas personas a la vez. Ese momento es cuando descubres que saliste de un sitio horrendo pero más controlado que a donde fuiste a parar. Y te entra de todo por el cuerpo. Es tu futuro, y hay gente que por diversión te lo quiere destrozar.

Te encuentras en un pasillo sin salida, con un solo espejo delante que refleja tus fracasos. Pero de repente tras ese espejo aparece una puerta, una puerta hacia algo nuevo y a la vez conocido, algo que se repite, volver nuevo a un sitio, y sientes que ya no sabes si va a ir bien, si va a ir mal, si te hablarán, si serán comprensivos, no tienes ni idea, solo sabes que te agobias porque sabes que no hay una tercera oportunidad de que no te destrocen la vida, ese es tu nuevo sitio y debes quedarte allí, pase lo que pase...
Imaginas que llegarás, pasaras varias horas entre soledad y miradas extrañadas, en el mejor de los casos, si no te obligan a contar tu vida o cómo eres ante tanta gente, gente que no conoces de nada, y a las pocas que sí, no quieres estar detrás de ella todo el rato, eso no es estar bien en un sitio. Hay que integrarse, pero visto lo que has vivido antes... No sabes si intentar poner de tu parte o quedarte solo, cerrado ante todo el mundo, que no sepan nada malo de ti, pero tampoco nada bueno.
Pero eso es solamente una imaginación, todo puede ser peor, mucho peor...